Todas las artes aspiran a ser música
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Nunca pensé en la música como una posibilidad. Siempre supe que era inalcanzable y que mis dotes de filóloga consagrada jamás alcanzarían para entender la sublimidad de sus límites. Con el tiempo, comprendí que las otras artes aspiraban a ser música, no como deseo de parecerse a ella, sino como impulso secreto: aspiran a su vibración, a su respiración interna, a esa forma invisible de ordenar el tiempo y tocar el cuerpo sin pedir permiso.
La música no se limita al sonido. Es pulso antes de la palabra. Es ritmo antes del concepto. Es una arquitectura que no necesita muros y una danza que no siempre requiere movimiento visible. Tal vez por eso la pintura busca cadencia en el trazo, la literatura persigue una musicalidad que sostenga el sentido; la escena necesita tempo, silencios, crescendos; por eso, tal vez, incluso el pensamiento aspira a cierta armonía. En el fondo, toda forma artística anhela vibrar.
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