A la buena gente, llamarla por su nombre
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Evocaría las Universidades Centrales que conocí al nombrar a personas geniales que, en su momento, resolvieron problemas sociales, económicos y culturales teniendo el cuerpo y la salud de las personas como derroteros de la ciencia; algunos nombres aparecen como salidos de un sombrero porque pensaron el estudiar como barómetro de la calidad de vida. Serían solo palabras: gente, calidad de vida. Estas tienen un significado diferente por tratarse de algo sucedido en un centro de educación superior habitado por profesores, estudiantes y administrativos, si es que queremos un ambiente donde las personas deseen ir a trabajar todos los días; en este caso, ir, estudiar y producir conocimiento.
Estudiar sería un terreno abonado por la investigación, la creatividad, la disciplina, etc. En mi opinión, y si mal no estoy, a este parámetro se le podría sumar un determinante inusual: lo sabroso. Y es que, para estar bien, uno tiene que tener buena salud; entonces, sería un grupo humano con gentes sanas y bien dispuestas. De lo contrario, se puede estar confundido con pagar para estar parchado simulando la vida, y es que estudiar, por pesado que se quiera, implica gustar de ser inteligente, leer, escribir, problematizar; es resolver problemas como método del ser y del estar para proyectarse y trabajar, vivir de eso.
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